viernes, 14 de noviembre de 2008

¿Quién soy...?

¿Quién soy yo? o ¿qué soy yo? He de contarte mi historia, la cual comienza con la historia de mis padres. ¿Qué ocurre cuando un demonio y un ángel se encuentran en su camino? Supongo que yo soy la respuesta a esa incógnita.
Mientras un demonio anhelante miraba hacia arriba tratando de obtener una visión del Paraíso, un ángel curioso asomaba su mirada hacia abajo para observar el infierno. Cuando el demonio encontró una grieta en el suelo y cuando las nubes del paraíso se abrieron, las miradas de ambos seres se encontraron. El demonio al principio creyó estar viendo el Paraíso, pero al mirar hacia ambos lados de aquel bello rostro, se dio cuenta que lo que de verdad observaba era aún más hermoso que lo que había escuchado hablar del Cielo. El ángel se desconcertó, pues sabía del infierno que era el lugar más terrible que pudiera nunca existir, sin embargo lo que observaba era lo más hermoso que sus ojos jamás habían contemplado.

Las miradas de ambos seres se encontraron. Cada uno tuvo las más fuertes y variadas sensaciones en su interior, las cuales jamás habían sentido. Dentro de su pecho y dentro de sus corazones sintieron miedo, ansiedad, fascinación, pasión, esperanza, paz, tranquilidad y una alegría desbordante e indescriptible. El pecho de ambos seres inhalaban tal cantidad de aire, que sentían que estaban a punto de reventar. Podrían haberse observado el uno al otro por toda la eternidad, pero aunque parecía maravilloso, no sería suficiente para ambos.

Deseaban conocerse.

Dejaron de observarse, felices por lo que habían encontrado. En el infierno jamás habían visto sonreír de aquella manera a un demonio. En el Cielo, ningún ángel tenía aquella mirada. A la misma hora en que ambos seres se encontraron, el demonio escapó del infierno a través de la misma grieta, y el ángel descendió de los Cielos para buscar a aquel ser.

Finalmente ambos se encontraron y experimentaron la misma sensación, como la primera vez que se observaron desde la lejanía. El demonio se sintió fascinado, por la belleza del cuerpo femenino del ángel, así como el ángel quedó encantado con la perfección del cuerpo del demonio.

Se miraron sus cuerpos y sin darse cuenta, lentamente se acercaron el uno al otro, y sin pensarlo, tocaron sus bocas con sus labios. Sus manos comenzaron a acariciar sus pieles. Ninguno de los dos sentía deseos de detenerse. Sus alas cubrieron sus cuerpos, y así no hubo testigos de los que ambos seres hicieron, de cómo ambos seres se volvieron uno solo por un momento.


Ni para el Cielo ni el infierno aquella acción quedó oculta. Aquellos dos seres no deberían haberse encontrado nunca y mucho menos haberse amado. Lamentablemente para el demonio y el ángel no existía manera de escapar del castigo a su acción; pero tampoco el averno y ni el Paraíso podrían escapar de la unión de ambos seres. En el vientre del ángel crecía un ser nuevo y diferente. Yo.

Satanás y Dios encerraron a ambos seres en el infierno, uno separado del otro, sin poder observarse pues para ellos ese era su peor castigo. A mí me sacaron del vientre de mi madre y me privaron de tener un cuerpo. Así que vaque por todo el mundo, creciendo en alma, pero sin un cuerpo con el cual existir de verdad…

Hasta que un día encontré el cuerpo de un joven el cual consideré perfecto para habitar y a través del cual puedo expresarme.

De su mente saque mi nombre, A. V Erzebeth, el cual representa dualidad, feminidad y masculinidad, belleza, amor, anarquía y libertad, y también oscuridad…


2 comentarios:

Kazedai Eien dijo...

Que bendita y madita a la vez sea la dualidad...
Es bueno no estar sólo en esto...pero a la vez no.

Saludos...sé que sabes quien soy.

chepe dijo...

wey, mis respetos m agrada mucho esa historia, deverias de hacer una continuacion, mis respetos